Luces de Bohemia

Valle-Inclán inauguró con ‘Luces de Bohemia’ el Esperpento. Personajes turbulentos y situaciones grotescas se suceden en el periplo que el poeta ciego Max Estrella y su lazarillo Latino hacen por el Madrid más sórdido.

Valle-Inclán escribe, en 1920, uno de los textos esenciales de nuestro teatro: ‘Luces de Bohemia’. Con él inaugura una nueva manera de ver la realidad: el Esperpento. Personajes turbulentos y situaciones grotescas se suceden a lo largo de los dos días en los que el poeta ciego Max Estrella, junto con su amigo Latino y el resto de personajes nocturnos, pululan por el Madrid más sórdido. A lo largo de la noche, estos dos vagabundos van encontrándose con todo el lumpen de la ciudad: delincuentes, prostitutas, proletarios mal pagados, policías, periodistas, ministros… En definitiva, un microcosmos completo de la sociedad de la época de entonces que no se distancia tanto de la de ahora. Nuestra propuesta: ser fieles al texto y al espíritu que emana, pero recolocándolo escénicamente. No pretendemos una operación de maquillaje o una actualización mecánica de los códigos escénicos sino una profundización en la esencia del texto que nos lleve a considerar su modernidad independientemente del contexto en el que está escrito. Optamos por una puesta en escena desnuda, despojada, en busca de la esencia del discurso humano que brota, palmo a palmo, en esta bajada a los infiernos, sin renunciar a su aliento épico. Unas paredes móviles, unas mesas, unas sillas y ocho actores construyen el marco de esta epopeya esperpéntica que nos sigue tocando además de por sus indudables hallazgos estéticos, por ser un reflejo brutal de nuestra propia raíz como seres humanos.

Ficha de la producción

SINOPSIS

Valle-Inclán escribió, en 1920, uno de los textos esenciales de nuestro teatro: ‘Luces de Bohemia’. Con él quedó inaugurada una nueva manera de ver la realidad: el Esperpento. Un renovado concepto estético, cuya paternidad Valle atribuye a Goya, que él mismo describe de manera genial en una de las últimas escenas de la obra.

Esa deformación matemática conseguida a través del rebote de la realidad en los espejos cóncavos nos recuerda a los múltiples recursos de estilización y distanciación utilizados por algunos de los más importantes clásicos del teatro de Aristófanes a Beckett pasando por Shakespeare y Brecht.

Personajes turbulentos y situaciones grotescas se suceden a lo largo de los dos días en los que el poeta ciego Max Estrella, junto con su amigo Latino y el resto de personajes nocturnos, pululan por el Madrid más sórdido.

A lo largo de la noche, estos dos vagabundos van encontrándose con todo el lumpen de la ciudad: delincuentes, prostitutas, proletarios mal pagados, policías, periodistas, ministros…

En definitiva, un microcosmos completo de la sociedad de la época de entonces que no se distancia tanto de la de ahora.

FICHA ARTÍSTICA

EQUIPO ARTÍSTICO

Dirección: Carlos Martín
Coordinación: Alfonso Plou
Producción: María López Insausti
Escenografía de Tomás Ruata
Vestuario de Beatriz Fdez. Barahona
Iluminación de Bucho Cariñena
Música original de Miguel Ángel Remiro
Fotografía de Galagarfoto/Julian F.
Diseño Gráfico de Activa
Distribución: Teatro del Temple

REPARTO

Max Estrella: Mariano Anós / Ricardo Joven
Latino de Hispalis: Jorge Basanta / Marco Aurelio Glez.
Resto de personajes: Gabriel Latorre Laura Plano /Rosa Lasierra Francisco Fraguas Rafa Blanca / Félix Martín /Jorge Usón Amanda Recacha / Ivana Heredia Néstor Arnas /Javier Aranda

CRITICAS

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Algunas muestras:

Quizá el secreto del éxito de la compañía Teatro del Temple resida en su fábrica, en su equipo. En una química entre autores, directores y actores que redunda siempre en una elaboración depurada de interpretaciones y textos, de decorados y movimientos escénicos.

Un nítido ejemplo de esa mezcla de madurez y pureza pudimos disfrutarlo en el estreno de Luces de Bohemia, de Ramón de Valle-Inclán. (…) El texto de Valle, interpretado en su escrupuloso original, conserva una enorme belleza plástica. Y Máximo Estrella, su protagonista, el trágico encanto que le hiciera famoso. (…)
Comenzando por Ricardo Joven, que ha diseñado una encarnación de Max extraordinariamente rigurosa, desprovista de gesticulaciones y afeites, desnuda y auténtica, esencial; continuando por Gabriel Latorre, que está senciallamente enorme, y que se sale de las tablas representando al periodista Filiberto; y valorando muy alto el trabajo del resto de la compañía: José Luis Esteban, Francisco Fraguas, Rosa Lasierra, Javier Aranda, Gema Cruz y Jorge Usón.
Sobre la base de tan destacadas interpretaciones, la dirección de Carlos Martín se ha concentrado en resaltar las calidades del alma de Max Estrella y de sus geniales y disparatados compañeros (…) Un ingenioso sistema de módulos rodantes dinamiza una escena ocupada tan sólo por los elementos más imprescindibles (…) Martín, siempre respetuoso, original y eficaz, siempre pendiente del espectador, consigue que el texto fluya escena tras escena, emocionándonos, subyugándonos. (…)
Un espectáculo de altísima calidad literaria y escénica, y un texto cumbre del teatro español.”
Juan Bolea, El Periódico de Aragón, 28/09/07″

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La puesta en pie de un texto valleinclanesco supone siempre asumir un riesgo, por la complejidad que conlleva. (…) La dificultad radica en cómo plasmar el univeros que trasciende el diálogo y que Valle recrea en la didascalia, en mostrar una concepción estética que sobrepasa incluso al propio teatro. (…)
La propuesta que firma Carlos Martín tiene el mérito de asumir el riesgo y de respetar lo fundamental del espíritu del relato; es un buen espectáculo. (…) Hay planteamientos de gran teatralidad y elementos muy sobresalientes. (…)
Trabajo actoral, que me pareció magnífico (…) (el conjunto del elenco realizó un buen trabajo). (…)
El planteamiento escénico me pareció realmente bueno. Resuelve muy bien las numerosas mutaciones, plantea un interesante juego de planos en el terreno interpretativo, crea algunas escenas de gran intensidad y, sobre todo, hace un más que sobresaliente uso del espacio escénico. El vestuario (..) escenografía y diseño de luces forman un correcto conjunto.
Un espectáculo coherente, con momentos de intensidad. (…)”
Joaquín Melguizo, Heraldo de Aragón, 28/09/07″
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Sólo a través del imaginario cristal patentado por Valle-Inclán se puede llevar a buen puerto su teatro sin traicionar su espíritu. El esperpento ha de ser la clave para tocar un concierto tan hermoso y complejo como «Luces de bohemia», a medio camino entre la farsa y la tragedia –lo es el periplo nocturno de este quijote ciego que es Max Estrella– que no siempre se interpreta bien. Reconforta ver a una compañía veterana, los aragoneses Teatro del Temple, que asume y hace suyos cada matiz, cada diálogo, cada arranque de genio del poeta, cada gesto de condescendencia del ministro… Y todo esto, increíble, sin «adaptaciones» ni «versiones».

La dirección de Carlos Martín apuesta por ropajes de un avanzado siglo XX, tonos grises, monótonos, y una escenografía de paredes móviles ambivalentes. Una forma hermosamente sobria de dejarlo casi todo en las ebrias gargantas de sus protagonistas. Sabe que cuenta con buen material: Ricardo Joven es un Mala Estrella soberbio, convincente como el ciego, un cráneo privilegiado áspero y humano. El Latino de Híspalis de Pedro Rebollo es un divertido pillo sevillano, perro viejo con su miseria, su dolor fingido, su dolor real…
Y sí, estupendos (pero no en el sentido en que lo usa Valle)los secundarios: Rosa Lasierra, Jorge Usón, Francisco Fraguas, Javier Aranda, Gabriel Latorre y Gema Cruz, que se reparten una galería ya casi mitológica de fantasmas en sepia de un Madrid de frío y huelgas, de tabernas en el Callejón del Gato y capas empeñadas por nueve pesetas para llegar al final de la noche.”
Un “Luces de Bohemia” sobrio y ebrio
Miguel Ayanz , La Razón, enero 2009
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“Cuál es el conflicto esencial de esta obra maestra del genio gallego? ’Luces de Bohemia’ es una obra datada, un Madrid de fechas concretas que, desde lo externo, se parece muy poquito al del presente. Los personajes pertenecen, en su mayoría, a un lumpen, a la vez, pintoresco y amargo. La verdadera clave de la obra se encuentra en la lucha contra una sociedad brutal y totalmente desigual. No se duda en utilizar la Ley de Fugas por parte de la policía, pero tampoco entre los desheredados existe nobleza, como lo prueba el repugnante personaje de Don Latino de Hispalis. En el año 2011 todo parece haber cambiado pero sigue siendo muy diferente el estatus de los ricos y el de los pobres. Y los sucesos de la obra tiene hoy otro cariz, pero son, igualmente, destructivos e injustos.
Es texto muy difícil de llevar a escena esta obra, que tiene un reparto numerosísimo, con personajes, además, muy específicos y que no pueden ser sustituidos. La compañía aragonesa, con una enorme buena voluntad, pone en pie ’Luces de Bohemia’ con solo ocho actores, que se esfuerzan de principio a fin, aunque la verdadera tensión escénica aparezca sólo fragmentariamente. Cuatro paneles móviles van configurando los espacios en una mezcla de realismo y abstracción. Se dice el texto en su integridad y eso es lo que gana el espectador. Max Estrella no existe en los momentos actuales, no podría existir pero sí permanecen todos los que forman ese mundo esperpéntico que definió el gran Don Ramón. Hoy, en muchos aspectos, a pesar de las tecnologías, el mundo sigue siendo un desagradable esperpento que no parece vaya a remediarse. La noche negra de Máximo Estrella es la negra noche de muchos ciudadanos cerca de nosotros. El público aplaudió con muchísima fuerza a los veteranos actores que rindieron un particular homenaje a este autor y ciudadano extravagante que fue uno de los genios de la literatura española.”
Noche Negra
Fernando Herrero, El Norte de Castilla, 25/01/11

DOSSIER